Tuesday, July 2, 2013

Recordando al legendario pelotero cubano Alejandro Crespo

ALEJANDRO CRESPO (derecha) junto al campeon mundial de boxeo Kid Chocolate y el inmortal del beisbol Martin Dihigo.
Archivo / Archivo

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Fue una estrella del béisbol en tres países diferentes: Cuba, México y Estados Unidos. Y de no haber sido por el color de su piel, también hubiese sido un estelar en Grandes Ligas.
 
Alejandro Crespo nació el 26 de febrero de 1915 en Guira de Melena, La Habana, Cuba. Fue huérfano de padre y adoptado por un hombre blanco. La familia pasó a vivir en la capital del país y antes de jugar en la pelota profesional actuó con el Octavo Regimiento de la Liga de las Fuerzas Armadas.
 
Debutó en la Liga Invernal Cubana en la temporada de 1939-40 con los Elefantes de Cienfuegos, terminando en segundo lugar de los bateadores (.339), título que conquistó Tony Castaño (.340), de los campeones Leopardos de Santa Clara.
   
De haber existido el premio de Novato del Año, Crespo hubiera sido el ganador. Pero este trofeo se comenzó a otorgar en la campaña de 1942-43 cuando se lo llevó el antesalista Héctor Rodríguez.
En la siguiente temporada (40-41) fue campeón en jonrones y robos de bases superando en este último renglón de juego al rapídisimo estadounidense James "Cool Papa’’ Bell, terminó segundo en hits y en carreras impulsadas empatado con Roberto “Tarzán” Estalella.
 
Crespo ganó su primera corona de bateo en la campaña del 42-43 (.337) y lideró en hits (63). Repitió el título en 1948-49 (.326) y fue primero en imparables en 1945-46 (72).
 
Año tras año, Crespo demostró su calidad como pelotero completo, terminando como líder en varios casilleros ofensivos, adueñándose del premio de Jugador Más Valioso en la campaña de 1945-46. Jugó en la pelota invernal cubana hasta la temporada de 1953-54.
 
Además de Cienfuegos, militó en las postrimerías de su carrera con los Leones del Habana y los Tigres de Marianao. Con equipos de la isla tuvo la oportunidad de participar en tres Series del Caribe con el uniforme del Habana (1951-52-53).
 
Terminó su carrera en Cuba con promedio de .275, 794 hits, 415 carreras impulsadas y 30 jonrones.
Alejandro Crespo y Pedro Formental comparten el liderato de todos los tiempos en impulsadas en la pelota invernal de Cuba (415), es el primero en dobletes (130), cuarto en imparables (794), quinto en triples (39) y sexto en anotadas (369).
 
En 1942, los Dodgers de Brooklyn viajaron a Cuba para su entrenamiento y llevaron a cabo partidos de exhibición contra varios equipos de la isla. En uno de esos desafíos, Crespo realizó una jugada espectacular en un batazo que se iba de jonrón por el bosque izquierdo. Esta atrapada ha sido una de las mejores jugadas realizadas en la historia del béisbol profesional cubano.
 
En la Liga Mexicana brilló entre 1941 y 1951 al lado de estrellas procedentes de las Ligas Negras, Puerto Rico, Cuba, Venezuela, República Dominicana y México, entre los que sobresalieron Martín Dihigo, Silvio García, Monford “Monte’’ Irvin, Willie “El Diablo’’ Wells, Barney Serrell, Lázaro Salazar, Raymond “Talua’’’ Dandridge, Santos Amaro, Luis Rodríguez Olmos, Agapito Mayor, Pedro “Gamo’’ Pagés y Max Lanier, entre otros.
 
Crespo fue figura clave cuando el equipo Laguna dirigido por Dihigo se coronó campeón en la Liga Mexicana en la temporada de 1942, bateando .332 con 50 carreras impulsadas.
 
Durante su carrera en México acumuló promedio de .320, siendo líder en varias categorías.
El guireño también fue una luminaria en las Ligas Negras de Estados Unidos con los New York Cubans, donde participó en dos temporadas bateando .344 en 1940 y .336 en 1946, siendo elegido al Juego de Estrellas en su primer campeonato.
 
Por su trayectoria, Alejandro Crespo fue elegido al Salón de la Fama de Cuba en 1983 y del Deporte Cubano en el 2003, ambas distinciones en Miami. Murió en 1980 en el Hospital Dependiente de La Habana.

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Tuesday, June 25, 2013

Joven desentierra sus raíces cubanas con un árbol familiar

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Por: Daniel Shoer Roth

Una súbita curiosidad por sus raíces cubanas, motivó a un adolescente de Miami a emprender un viaje al pasado para rescatar su historia. La travesía lo trasladó a un remoto pueblo de las Islas Canarias en el siglo XVII.
 
Gabriel García, de 17 años, no se ha desplazado solo en la máquina del tiempo. Desde su hogar en el oeste de Miami-Dade, comparte cada etapa con cientos de aficionados alrededor del mundo que se han sumado a Genealogía Cubana, su grupo de Facebook.
 
Por su edad, apasionamiento y prodigiosa destreza para crear un árbol genealógico en tan corto tiempo aprovechando los recursos de la tecnología digital, el joven se ha convertido en una sensación entre las personas interesadas en la ascendencia de sus familias en Cuba y España, quienes tradicionalmente son adultos mayores.
 
“Es la esperanza de todos los que estudiamos genealogía cubana”, señaló Lourdes del Pino, vicepresidenta del Club de Genealogía Cubana de Miami. “Va a ser el heredero y custodio de los materiales y conocimientos que hemos acumulado a través de los años para facilitar el trabajo amateur a quienes buscan sus raíces”.
 
Hace dos años, Gabriel vio en la televisión un comercial de ancestry.com, un portal de pago que permite a los usuarios rastrear sus raíces familiares examinando archivos en línea de registros vitales, censos y otros bancos de datos genealógicos. 
“Me dio curiosidad saber de dónde provienen mis ancestros y la historia detrás de ellos”, comentó el estudiante de la Secundaria G. Holmes Braddock. “Pero ancestry.com se enfoca mayormente en Estados Unidos y no tiene nada sobre Cuba”.
 
Gabriel emigró a Estados Unidos a los 4 años. Es tímido y respetuoso; habla muy rápido, en voz baja, y luce menor a su edad. Pesa 104 libras y mide 5’5 pies. Planea estudiar Administración de Empresas y se entretiene leyendo libros de ciencia ficción. En la escuela, sus compañeros consideran que su pasatiempo de la genealogía es “algo c ool”. Su padre trabaja en mantenimiento de piscinas y su mamá es ama de casa. Ninguno poseía conocimiento de sus orígenes ni interés en indagar en ellos.
 
“Nunca me imaginé que venía de una familia con tanta historia”, manifestó la madre, Idalina Hernández. “Hemos conocido a muchos familiares gracias a él. Es sorprendente”.
 
Nace el árbol 
Cualquier viaje genealógico, por largo que sea, comienza con un simple paso adelante: una pregunta. “¿Qué información tienes sobre tu familia?” preguntó Gabriel a sus cuatro abuelos, esperando que se quitaran las capas de la memoria.
 
El abuelo materno, Reinaldo Hernández, que vive en Miami, sabía los nombres y lugares de nacimiento de sus abuelos, aunque no recordaba las fechas. Eso permitió a Gabriel trazar la primera línea ancestral hasta sus tatarabuelos, usando una plantilla gratis de ancestry.com que incorpora gráficos y espacio para fotografías individuales, y permite la extensión de las ramas genealógicas en pantallas sucesivas.
 
Así empezó a rellenar cada casilla con los detalles de los miembros de su familia.
Hernández habló a su nieto sobre su prima hermana en Cuba, Alicia Plasencia, que había dibujado su árbol genealógico. Ella tenía la partida de bautismo de su padre, donde están registrados los datos de sus bisabuelos, Ricardo Plasencia y Gabriela Aguilar, incluyendo lugar y fecha de nacimiento. Ellos son los cuartos abuelos de Gabriel, cinco generaciones anteriores a él.
 
Un hermano de Alicia en Miami llevó a Gabriel a una reunión familiar en Coral Gables. Allí, le informaron sobre el trabajo de José Ignacio Lombillo Plasencia, un siquiatra retirado en Naples que llevaba 20 años investigando los orígenes de su familia y de los Plasencia en Hermigua, un pueblo en La Gomera, una de las islas canarias a la altura de Marruecos. Inmediatamente después, el joven lo contactó.
 
“Nunca he visto a nadie de esa edad, ni de cualquier edad, que tenga tanta hambre por saber, de manera científica, sobre sus ancestros”, observó Lombillo, de 75 años. “Al menos entre los Plasencia –y somos muchos– no hay nadie que tenga el mismo interés”.
 
En el archivo diocesano del Arzobispado de Tenerife, en Canarias, Lombillo encontró el libro de matrimonios de la Iglesia de la Encarnación de Hermigua, donde quedó inscrito el enlace nupcial entre Carlos de Plasencia e Isabel Morales, el 16 de agosto de 1685. En el registro, también aparece el nombre de los padres del novio. La madre se llamaba María Plasencia; probablemente nació en la década de 1630.
 
“Ella es el primer Plasencia documentado con una relación directa con todos nosotros”, afirmó Lombillo.
 
Armar el rompecabezas
 
El gran reto para Gabriel recién comenzaba. Ahora debía identificar el eslabón entre su árbol genealógico y el de Lombillo en aras de trazar su linaje hasta 1630, una fecha a la cual jamás imaginó llegar cuando se propuso investigar su pasado.
 
“Tenía que encontrar un ancestro en común”, explicó Gabriel, quien revisó durante semanas cientos de nombres, con fechas de nacimiento y defunción, compilados por Lombillo, cuyo árbol, en múltiples ramas, reúne 10,000 familiares.
 
Los Plasencia llegaron a La Gomera provenientes de la península ibérica después de la Conquista de Tenerife (1494-1496). Allí, vivieron durante siglos, pues los pobladores isleños no acostumbraban a migrar.
 
A finales del siglo XIX, Cuba se perfilaba como paraíso terrenal. Miles de canarios emigraron a la isla caribeña, entre ellos, Eduardo Plasencia, bisabuelo de Lombillo, acompañado por hermanos y primos, todos en su juventud.
 
Para empatar los linajes, García tendría que establecer su parentesco sanguíneo con este pionero de la familia, que falleció en La Habana en 1949.
 
Eduardo tenía una hermana, Felipa, casada con Ricardo Plasencia. Además de cónyuges, eran primos. El nombre de Ricardo llamó la atención del inquisitivo adolescente porque así se llamaba su cuarto abuelo, es decir, el bisabuelo de su abuelo materno. Verificó las fechas de nacimiento y defunción, y ambas coincidían.
 
“Estaba maravillado con mi hallazgo”, comentó Gabriel.
 
Surgió, no obstante, una incógnita. En el árbol de Lombillo, Ricardo estaba casado con Felipa; en el de Gabriel, con Gabriela Aguilar. Una pieza del rompecabezas no encajaba.
 
Gabriel contactó a un primo en Hermigua vía Facebook y éste, a su vez, indagó con una anciana de la familia, quien reveló que Ricardo tuvo dos matrimonios. Gabriela fue su primera esposa; cuando ella falleció, se casó con su prima Felipa, como era común en aquellos tiempos.
 
Gabriel se había conectado con María Plasencia. Su árbol se extendió velozmente varios siglos.
 
Crecen otras ramas
 
Logrando subsanar las enormes dificultades que representan las búsquedas genealógicas en Cuba, Gabriel emprendió su segunda investigación desde Miami. En esta ocasión, optó por la línea de ascendencia de Iluminada Bello, la mamá de su abuelo paterno. Sus antepasados, también procedentes de las Islas Canarias, habían emigrado dentro de un buque de carga que transportaba manteca. “Pensé que era muy interesante la manera en que habían llegado a Cuba”, apuntó el joven.
Ricardo García, el abuelo que aún vive en Cuba, buscó la partida de bautismo de Bello en la parroquia de Consolación del Sur, su pueblo natal. El registro no se encontraba. Pero un familiar que desciende del hermano de Bello guardaba el certificado de nacimiento de éste, lo cual permitió a Gabriel comenzar a irrigar esta rama de su árbol genealógico, al obtener los nombres y fechas de nacimiento de sus tatarabuelos, así como los nombres de sus cuartos abuelos.
 
En un foro en línea de un grupo de genealogía canaria, conoció a una española con acceso a un extenso banco de datos con certificados antiguos de matrimonio. Subiendo una generación a la vez, la mujer consiguió la información nupcial de los quintos, sextos y sucesivos abuelos de Gabriel, hasta llegar a 1754 – nueve generaciones de antepasados.
 
Hace tres meses, Gabriel se propuso trazar la línea del papá de su abuela materna, José Antonio Lezcano, nacido en 1906 en la ciudad de Pinar del Río. Su partida de bautismo fue hallada, más no las de sus padres. Renuente a quedarse en un callejón sin salida, pidió a un familiar que busque el registro de bautismo de un tío de Lezcano en San Luis, un pueblo cercano.
 
Esta semana, una copia del ansiado documento llegó a sus manos. Un paso más en este esfuerzo que apenas comienza a cosechar frutos.


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San Carlos Institute keeps hope alive for Cuban exiles

The San Carlos Institute in Key West was built by humble Cuban cigar workers who wanted Cuba free from Spain.
San Carlos Institute

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BY JOE CARDONA
jccigar@aol.com

 

As a student at Florida International University in the late 1980’s, in search of my identity, I attended a seminar that examined important Cuban historical sites in the state of Florida. That afternoon, I had planned to raise my hand and address the audience about important nuggets of Cuban history I had unearthed in Tampa’s Ybor City. I should have known that like many “best laid plans of mice and men” these pre-orchestrated schemes don’t pan out.

 

It turns out, my intended exposition was thankfully preempted by Rafael Peñalver, an energetic, well-prepared orator who discussed the preservation efforts he was spearheading at the San Carlos Institute in Key West — a historic building in Key West, or as it’s known to Cubans, Cayo Hueso, an institute that Cuban poet and freedom fighter Jose Martí once referred to as “ la Casa Cuba.”

Minutes into the then-young Miami attorney’s presentation, I understood that rather than sharing my random and quite scattered thoughts on the historical legacy of Martí and his imprint on Ybor City, my time that afternoon would be best spent listening to Peñalver’s lecture. As fate would have it, Peñalver and I would cross paths over a decade later when I was producing the PBS documentary Jose Martí: Legacy of Freedom.

When I sought Peñalver’s insight on Martí for my film, I discovered that he was still very actively involved with the San Carlos Institute. Ralph offered to drive me to the Institute and show me around the place. I accepted his gracious offer and in the ensuing five hours of our journey to Key West, Ralph, with the care and concern of an older, wiser brother, has proceeded to share with me stories that linked me to my past.

I learned about the San Carlos’ colorful history, acquired an interesting perspective on Martí’s pursuit of Cuban independence and gained a profound respect for the preservation of history, which sadly for Cubans, much of it has either been distorted or lost.

We arrived at 516 Duval Street as the sun was setting behind the majestic edifice that is the San Carlos. Suddenly, Key West took on a far deeper meaning than bar hopping, fishing and Fantasy Fest. The San Carlos was first founded in 1871 at another location in Key West before it burned down. The 1890 building that still stands was founded by humble Cuban cigar workers who wanted to preserve their history, educate their children, and aspired to one day liberate Cuba from Spanish rule. It still stands as a repository of Cuban exile hope.

Peñalver remains a key protagonist in the truly inspiring story of his battle to preserve the building and its history.

I recently ran into Ralph at a local radio station where he was explaining to someone that his crusade to save the San Carlos began the day he first visited the building, which was also the day his father was diagnosed with terminal cancer.

“Every Sunday my father would hold a “Cuba culture” session at our home. One Sunday he would invite a Cuban historian, the next Sunday a Cuban musician, and so on. The whole idea was to instill a sense of knowledge and pride in our Cuban roots — and keep alive the dream of a free Cuba,” he said. “I decided to take on the task of bringing the San Carlos back to life — for my homeland — and in my father’s memory.”

Today, the San Carlos Institute proudly represents Cuban exiles’ noblest ideals and aspirations. It also stands as a tribute to the heroic sacrifice of Rafael Peñalver, who for more than 25 years has spent countless time, money and worry on preserving it. Peñalver’s unflagging devotion to the San Carlos is as historic as anything inside the building.

As the late John W. Gardner, secretary of health, education, and welfare under President Lyndon Johnson, once noted: “History never looks like history when you are living through it.”

Sunday, May 19, 2013

Cuba historian and anti-Castro militant Enrique Ros, the father of Ileana Ros-Lehtinen, has died

Posted on Thu, Apr. 11, 2013
 

Enrique Ros with his daughter, U.S. Rep. Ileana Ros-Lehtinen.
Enrique Ros with his daughter, U.S. Rep. Ileana Ros-Lehtinen.
 
Enrique Ros, the father of U.S. Rep. Ileana Ros-Lehtinen, lived the history of the clandestine resistance against Fidel Castro in the early 1960s that he recounted in the 19 books he authored.At a time when Fidel Castro was sending hundreds of opponents to the firing squads, Ros was the on-island coordinators of the Christian Democratic Movement, one of the underground groups fighting to topple Castro. “Enrique not only was a great historian. He was a man who made history,” said Pedro Roig, a long time friend of Ros, who died late Wednesday from respiratory complications at South Miami Hospital at the age of 89. “My Dad was and will always be the wind beneath my wings. His passing leaves in us a loss that is eternal and deep,” Ros-Lehtinen said in a statement. He was “the foundation of us all, and the one person who kept us grounded and confident.” Born Enrique Emilio Ros y Perez in Cienfuegos, Cuba, Ros was one of the leaders of the risky struggle against Castro in 1959 and 1960. The Christian Democratic Movement was part of the Democratic Revolutionary Movement, a broad anti-Castro coalition. He had to escape to Miami and continued his activism from exile. Roig, a former director of Radio/TV Martí, said Ros was one of the militants who received him in Miami when Roig had to flee the island in 1960 because of his own anti-Castro activities. Ros chronicled that early period of the resistance against Castro in many of his books. He had been working on his 20th book, on Cuban independence hero Antonio Maceo, when he passed away. “Enrique was an excellent scholar and an outstanding human being,” said fellow historian Jaime Suchlicki, director of the Institute for Cuban and Cuban American Studies at the University of Miami. Roig, who also wrote a Cuba history book, recalled that Ros had access to key sources on the history of Cuba, from fellow militants in the fight against Castro to the Library of Congress. Ros also hosted a 1980s show on Radio Marti, a U.S. government station that broadcasts in Cuba.Ros also was “the mentor for the political life of his daughter, who felt a profound devotion for her father,” Roig added. “He was the determining factor in setting the direction of her political life.”Ros-Lehtinen acknowledged the support and guidance of her father, known to the family as Abu Kiki, in her statement. The nickname is Arabic for the father of Kiki, referring to his son Enrique “Henry” Ros. “Today I can look at my life and the lives of my brother Henry and my dad’s adult grandchildren with joy and fulfillment. And I can do that because Abu Kiki worked hard to instill in us ageless ideals of fairness and doing always what was right,” she declared. Ros was married for 65 years to Amanda Adato, the Cuban-born daughter of Jewish immigrants from Turkey who converted to Catholicism to marry Ros, but taught their two children to be proud of their Jewish heritage. In Miami, the couple founded and ran a successful freight forwarding business, Ros Forwarding. Adato died in 2011 but lived long enough to see her daughter become the first Cuban-American and the first Hispanic woman elected to the U.S. Congress, in 1989. Ros-Lehtinen, a hardliner on Castro but ranked as an overall centrist by the National Journal, later rose to one of the most powerful positions in Congress: chairwoman of the House Committee on Foreign Affairs.Condolences poured in from friends and colleagues. “Our prayers are with Ileana Ros and her family with the passing of her dad, Enrique. He was a fine man!" former Florida Gov. Jeb Bush said in a Twitter statement. Former Rep. Lincoln Diaz-Balart, R-Fl., said Ros’ left behind “a legacy of supreme integrity and profound love of family, justice, freedom, truth, history, and for Cuba. Miami political activist and CNN contributor Ana Navarro, a friend of Ros-Lehtinen, said her father “was his daughter’s biggest booster. Supported & encouraged her at every step. A good & decent man.” Said Sen. Marco Rubio, R-Florida, in a statement: “For decades, Enrique Ros was one of the great intellectual forces of the Cuban exile community. He was a passionate defender of human rights, an advocate for the Cuban people’s freedom, and a true believer in the exceptional nation that welcomed him and his family and gave them a second chance at a better life. “I was fortunate to get to know Enrique over the years and will forever be inspired by his civic involvement and love for America and the nation he left behind. He will be missed, but his legacy will live on through his family and through the countless people he inspired to serve this country and the cause of liberty in Cuba.” Ros is survived by his two children and grandchildren Patricia and Rodrigo Lehtinen, Katherine Palacio and Jennifer Ros, as we as Douglas Lehtinen and Katharine Lehtinen and five great grandchildren. Services will be Friday, April 12th from 6:00 p.m. to 10:00p.m. at Caballero Rivero Woodlawn on 8200 Bird Road. Memorial mass will be Saturday at 11 a.m. at Saint Agatha Catholic Church.The family requested that in lieu of flowers donations in the name of Enrique Ros be made to the southeast Florida chapter of the Alzheimer Association, P.O. Box 22594, West Palm Beach, 33416.
 

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Wednesday, March 27, 2013

Cuban pianist Bebo Valdes dies in Sweden at age 94

 
The news of his death was confirmed by Cindy Byram, the agent of Valdes' son Chucho Valdes, who is a well-known musician in his own right. A cause of death was not given.
 
The senior Valdes studied piano and later taught it to Chucho (Jesus Dionisio Valdes), who went on to become a founding member of the internationally acclaimed Cuban-based jazz band Irakere.
    
The father began playing accompaniments at Havana's famous night clubs in the 1940s. He then worked with singer Rita Montaner as her pianist and arranger from 1948 to 1957, when she was the lead cabaret act at the Tropicana.
 
His orchestra Sabor de Cuba also accompanied singers Benny More and Pio Leyva at the club. It was during this period that he and rival bandleader Perez Prado developed the mambo, a rhythmic style of dance music that swept the world. Valdes and his orchestra devised another rhythm called the batanga which he said helped differentiate his sound from Perez Prado's.
 
The senior Valdes maintained a parallel interest in jazz music and took part in many important sessions, some recorded on Cuba's renowned Panart label.
 
"I was a jazz musician from a very young age," Valdes once said. "I started playing like the first jazz pianist I heard, a guy who was popular when I was a kid: Eddy Duchin." He said other influences were Fats Waller, Art Tatum, and Bill Evans.
 
In 1958, he worked on Nat "King" Cole's album "Cole Espanol," collaborating with arranger Nelson Riddle on the orchestral backing tracks that were all recorded in Havana. He also worked with singers Lucho Gatica and Mona Bell.
Following Fidel Castro's communist revolution in 1959, Valdes left Cuba, traveling to Mexico in 1960 accompanied by singer Rolando La Serie, but without his children.
 
Valdes said one day a revolutionary guard went to his house demanding the pianist accompany him to a plaza where Castro was giving a speech. "I asked if there was going to be music there and he replied to me that Castro was music," he said, adding that he then knew it was time to go.
 
After a brief stay in the United States, Valdes set off on a European tour.
 
Valdes went to Stockholm in 1963 for a concert with the Lecuona Cuban Boys and fell in love with a Swedish woman, Rose Marie Pehrson, a cavalry officer's daughter.
 
They got married the same year and he settled in Sweden. He described it as the most important moment of his life.
 
"It was like being hit by lightning," he said. "If you meet a woman and you want to change your life you have to choose between love and art."
 
Valdes lived in Stockholm until 2007 where he often struggled to interest people in Cuban music and Latin jazz. He earned a meager living playing in restaurants, on boat cruises and in some of Stockholm's finest hotels, although he said he did once consider becoming a bus or taxi driver.
 
Valdes was not able to see his increasingly well-known and Cuba-based son Chucho until 1978 when he visited New York for the first time in 18 years and attended a concert.
 
The father often told an anecdote of how a Cuban regime minder came up to him after the concert and said, "See how well we have shaped your son?"
 
He said he retorted, "I'm very glad, but when was that? Because Chucho played piano at home with me when he was four years old and at 16 he joined a band called Sabor de Cuba, my band."
 
Valdes' career got a late boost in 1994 when he teamed up with saxophone player Paquito D'Rivera to release a CD called "Bebo Rides Again."
 
"All musicians want to be famous and I think I've recently experienced some of the biggest moments of my life," Valdes told Svenska Dagbladet.
 
Nine years later Valdes worked with Spanish singer-songwriter Diego Cigala on "Lagrimas Negras," a flamenco-jazz fusion style CD that won Best Record of the Year by the New York Times. The experience attracted him to Spain where he settled after leaving Stockholm.
 
Valdes then worked with Chucho to release the CD "Juntos para Siempre" (Together Forever) in 2009. The father and son toured Europe at least twice.
 
Valdes won five Grammy Award in the categories of Best traditional tropical album and Best Latin jazz albums: two for "El arte del sabor" in 2002, one for "Lagrimas Negras" in 2004 and two for "Bebo de Cuba" in 2006.
 
Asked how he found the energy to keep performing he said, "What else would I do? Watch TV? No, I'd rather play the piano. I will play until I die."
 
Valdes is survived by wife Rose Marie, daughters Mayra and Miriam, sons Raul, Jesus "Chucho," and Ramon (born in Cuba) and Raymond and Rickard, who are Swedish.

Associated Press correspondents Karl Ritter in Stockholm and Sigal Ratner-Arias in New York contributed to this report.

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Wednesday, March 20, 2013

Arquitecta cubana de casi 100 años es ejemplo de trabajo

 

Por Brenda Medina
Publicado en El Nuevo Herald el sábado 16 de febrero del 2013

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Con casi 100 años de edad, hay muchas cosas que Oria Albarrán de Solís ya no recuerda, pero algo está intacto en su memoria: siempre amó lo que hacía.
 
“Cuando uno hace lo que le gusta, es una maravilla”, repite frecuentemente la arquitecta cubana residente en Key Biscayne. “Cuando uno ama su carrera, es un gozo”.  
Oria fue una pionera en varios aspectos. En los años 1930, Oria fue una de las mujeres que se graduó de Arquitectura en La Universidad de La Habana. Oria inició su carrera en el Ministerio de Obras Públicas cubano. En 1960, vino a la Florida junto a su esposo, el abogado Patricio Eugenio Solís, y sus hijos pequeños, Oria María, Patricia y Eduardo. Después la familia se estableció en Washington D.C. donde Oria se abrió camino como arquitecta en un campo laboral tradicionalmente dominado por hombres. Por varios años fue supervisora de diseños de edificios para el Servicio Postal de los Estados Unidos. Más tarde formó parte del Cuerpo de Ingenieros del Ejército, y se encargaba de revisar instalaciones militares.
 
Oria proviene de una dinastía de arquitectos e ingenieros cubanos y, según contó, siempre supo que sería arquitecta. Sentada en el apartamento donde vive con su hija Oria María Pérez y su yerno Jaime Pérez Upegui, la nonagenaria observa fotos y reconocimientos que la ayudan a despertar los recuerdos. Entre estos mementos están un certificado de apreciación del Ejército de Estados Unidos y una colección original de postales de correo que le regaló el Postmaster General, la Navidad de1975.
“Al elegir mi carrera lo hice por amor, no por el dinero que podía ganar, y esa debe ser la manera de escoger una carrera”, aconsejó Oria. La gran mayoría de sus compañeros de trabajo fueron hombres, pero Oria no consideró esto un reto, comentó, sino una oportunidad para destacarse.
 
“Me encantaba trabajar entre hombres porque eran unos caballeros y me trataban como a una ‘plumita’”, apuntó Oria coquetamente. “Recuerdo que cuando teníamos reuniones, los supervisores que se dirigían a nosotros decían: “gentlemen and lady’”.
 
Entre las pocas colegas mujeres, estaba Solange Rangel, otra arquitecta cubana que trabajó en el antiguo edificio del Servicio Postal en la 12 calle y la avenida Pennsylvania, en Washington.
 
Rangel, de 75 años, se retiró hace poco más de una década, y ahora vive en Sun City Center, cerca de Tampa. Dijo que recuerda a Oria con mucha admiración, y como una de las arquitectas más destacadas de su departamento.
 
“Cualquiera que trabajaba con Oria se beneficiaba enormemente porque era muy profesional y ética”, dijo Rangel. Las primeras experiencias de Oria con planos arquitectónicos fueron cuando era una niña, sentada en las piernas de su padre, el ingeniero Eduardo Albarrán, en su oficina de La Habana.
“Los sábados mi padre me llevaba con él a supervisar las construcciones y después íbamos a la oficina a revisar los planos”, recordó. “Para mí era tan divertido todo lo que hacía mi papá”.
 
Según Rangel, aunque no conoció a Oria en Cuba, había escuchado sobre la familia Albarrán en la Facultad de Arquitectura.
 
“Cuando yo estudiaba, ya el 30 por ciento de la facultad estaba compuesta por mujeres. Sin embargo, cuando Oria estudió eran menos”, recordó Rangel. “Así que ella fue una de las que nos abrió caminos en Cuba”.
 
Eduardo Albarrán perteneció a la firma de arquitectos e ingenieros Albarrán y Bibal, que entre otros edificios icónicos, construyó el Auditorium de La Habana. Oria es la mayor de cinco hermanos, y la única que aun vive. Su hermano menor, Eugenio Albarrán, también estudió Arquitectura. Pero Eduardo Albarrán no pudo disfrutar de los éxitos de sus hijos. El ingeniero murió cuando Oria era una adolescente.  
En parte, su cercanía con su padre se debió a que, para su época, Oria era una chica poco tradicional. Gustaba del arte, especialmente la música, pero a la hora de elegir un instrumento en vez del piano prefirió tocar la guitarra.
 
“Con mis amigos y con mi esposo salíamos dar serenatas”, apuntó con una sonrisa y luego cantó una estrofa de su canción más solicitada, Ojos Brujos. Junto a su madre, Oria Valera, Oria Albarrán fue miembro de la Sociedad Pro Arte Musical, en Cuba, una organización liderada sólo por mujeres que promovía el arte en la isla.
 
Aunque admiraba los talentos de su madre, a Oria Albarrán no le atraía cocinar o bordar, como a Valera.
 
“Eso no era lo mío”, afirmó entre risas. “Mira que lo intenté, pero no me gustó. Yo quería dibujar, hacer planos, supervisar construcciones, ir al trabajo todos los días”.
 
El 12 de abril, cuando Oria celebre sus 100 años de edad, también será la celebración de una trayectoria de éxitos y de una vida de satisfacciones. “Lo más importante es hacer lo que a uno le gusta”, repitió Oria, quien se retiró en 1982. “Con eso se tiene la felicidad garantizada”.





 

Thursday, February 28, 2013

Juan Clark, Cuba scholar and Bay of Pigs vet, dies

Dr. Juan Clark

jtamayo@ElNuevoHerald.com

Published in The Miami Herald
 
Juan Clark fought for a democratic Cuba as a paratrooper in the Bay of Pigs invasion and then in academia, by chronicling the lies of the Castro revolution and the stories of waves of exiles arriving on U.S shores.
 
Clark, professor emeritus of sociology at Miami Dade College, died Wednesday at the age of 74, said his brother, Jose Benito Clark, a member of the infiltration teams sent ahead to prepare the way for the Bay of Pigs invasion.
 
Just two years ago, Clark had smiled as he recalled how his group of Brigade 2506 fighters, hungry after hiding for four days in the swamps near the site of the disastrously failed CIA-backed invasion, had captured a small pig.
    
To avoid the noise of a gunshot, another brigade member strangled the animal while muttering, "Forgive me, God! Look what Fidel Castro has driven me to do!” Clark recalled in an interview for a report marking the 50th anniversary of the 1961 invasion.
 
“Juan was one of the most prominent members of the paratrooper units, very beloved by all and a very intelligent man,” said former brigade president Felix Rodriguez. “He was a great companion, a great friend and an eternal fighter for the freedom of Cuba.”
 
“This is a day of great sorrow for Miami Dade College,” said MDC President Eduardo Padrón. Clark “defended his principles, first with gun in hand and later with the power of the word and an unbreakable civic commitment.”
 
Clark’s greatest contribution to the struggle over Cuba may well have been his Spanish-language book, Cuba, mito y realidad: Testimonios de un pueblo, published in 1990. Through personal stories, he chronicled the myths and realities of life in Cuba.
 
While Fidel Castro cultivated the myth of a Robin Hood revolution dedicated to helping the poor in Cuba and abroad in the early 60s, Clark noted that the Cuban security apparatus was keeping about 60,000 peaceful political opponents in prison. Comparing the populations of Cuba and the United States at the time, that would have amounted to at least 1,410,000 American political prisoners, he wrote in the book.
 
Clark parachuted into Cuba several miles inland from the beach landings at the Bay of Pigs and was a member of a mortar crew that helped block the advance of Castro’s troops until they ran out of ammunition and were forced to retreat.
 
Eventually captured along with 1,173 other brigade members, he spent about 20 months in Havana prisons until Castro was paid the $53 million ransom that he demanded and freed most of the invaders.
 
Cubans on the island would never again pose a challenge to Castro, Clark told The Miami Herald for the 50th anniversary report.
 
“This castrated the spirit of rebellion”’ against Castro in Cuba, he said.
When he returned to the United States, he enrolled at the University of Florida to study sociology and later was the first academic to detail the waves of Cubans that went into exile in the United States and other countries.
 
He also wrote two books on the Catholic Church in Cuba, and last year was responsible for a chapter in a new book, Cubans: An Epic Journey, on the struggles to free Cuba.
 
“Juan was a great spokesman for the brigade. He was a well-educated man who could intelligently explain why the Bay of Pigs invasion happened, why it failed and why it mattered — and as a professor, he often explained it to the younger generation,” said Julio Gonzalez Rebull, a fellow brigade veteran.
 
And as recently as Monday, he told The Miami Herald he did not believe Cuban President Raúl Castro’s promise that he would leave power in five years.
 
“I think many people were eager to see the end of the system and unfortunately that hasn’t happened,” Clark said.
 
He is survived by his widow, Clara de Leon, and sons Juan and Jose Alberto Clark. Funeral arrangements are pending.
 
Miami Herald staff writer David Ovalle contributed to this report.

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